Vudira Gaming siempre ha sido una comunidad comprometida con sus miembros, abierta a todos los jugadores y dispuesta a ofrecer su infraestructura para poner en marcha servidores de nuevos juegos. Desde el principio, nuestros servidores han destacado por su calidad, con una preparación cuidadosa y una configuración específica para ofrecer el mejor rendimiento posible, dentro de las posibilidades técnicas y siguiendo las recomendaciones de los desarrolladores y sus colaboradores oficiales siempre que ha sido posible. A ello se suma nuestro compromiso con una moderación justa y transparente, basada en criterios y protocolos debidamente elaborados y aprobados, sin favoritismos.
Los responsables de nuestra comunidad se reunieron con varios jugadores que estaban muy satisfechos con nuestra forma de trabajar y que nos plantearon una propuesta interesante: abrir servidores de Fistful of Frags, un juego poco convencional y no demasiado conocido. Aunque no contaba con una comunidad especialmente numerosa, aceptamos la petición para satisfacer tanto a nuestros miembros como a otros jugadores que buscaban nuevas experiencias. Durante muchos años, nuestro servidor ha sido uno de los mejores en rendimiento y calidad, y el mejor moderado, algo que muchos jugadores valoran, incluso fuera de nuestra comunidad.
Tras años de funcionamiento, el deterioro de nuestra infraestructura fue una consecuencia directa de la gestión de «Judge Uchiha». A pesar de ocupar el puesto de administrador principal de nuestra comunidad y de ser una figura conocida en los foros de Steam como moderador oficial del juego, su paso por Vudira resultó catastrófico. No solo demostró una negligencia sistemática que dejó nuestros servidores en un estado de completo abandono, sino que también llevó a cabo actos deliberados de sabotaje interno para beneficiar a comunidades rivales. Su deslealtad llegó hasta el punto de utilizar nuestra plataforma para desviar recursos y atención hacia otros proyectos, debilitándonos desde dentro hasta su inevitable y necesaria expulsión. Gracias al esfuerzo del administrador de nuestra plataforma, pudimos recuperar los servidores y devolverlos a su estado original.
Las represalias fueron rápidas y malintencionadas. Días después de expulsar al antiguo administrador, nuestra base de jugadores desapareció de la noche a la mañana. Nuestros servidores habían sido ocultados de forma sistemática. Desaparecimos de la lista pública de servidores, lo que obligó a los miembros de nuestra comunidad a utilizar comandos manuales en la consola para poder conectarse.
Tras una investigación exhaustiva en la que participaron el equipo de soporte de Valve/Steam y algunos amigos, salió a la luz una realidad inquietante: nuestros servidores funcionaban perfectamente, pero habían sido incluidos expresamente en el archivo de servidores bloqueados de Fistful of Frags. Este archivo, que según los estándares del motor Source debe permanecer vacío para respetar la libertad de elección de los jugadores, fue utilizado como arma por los desarrolladores. No se trataba de un fallo técnico, sino de un ataque dirigido. Lo que comenzó como una patética venganza personal de un antiguo administrador resentido fue respaldado y ejecutado por el equipo de desarrollo de FoF. Al abusar de sus privilegios administrativos para incluir a toda una comunidad en una lista negra, no solo atacaron a Vudira: traicionaron la confianza de todos los jugadores.
No se trata de un incidente aislado. Otras comunidades han denunciado en redes sociales casos similares de censura y bloqueos encubiertos, mientras que los foros de Steam se han convertido en un estado policial donde los desarrolladores eliminan de inmediato cualquier crítica. El equipo de FoF se ha sumido en una tóxica caza de brujas que está matando su propio juego. Las cifras no mienten: su cruzada de odio ha reducido la base de jugadores de los 500 usuarios activos que había cuando empezamos a una ciudad fantasma de apenas 50 jugadores.
Intentamos resolver la situación de forma profesional y amistosa, pero nuestros intentos de contacto se encontraron con semanas de silencio absoluto. Nos negamos a seguir siendo el blanco de unos desarrolladores que tratan a sus comunidades como enemigos. Por ello, Vudira pone fin de manera definitiva a toda su actividad en FoF. Destinaremos nuestros recursos a juegos gestionados por profesionales que respeten a sus jugadores, en lugar de desarrolladores dominados por su ego que prefieren matar su juego antes que compartirlo.
Por si fuera poco, este episodio envalentonó a los desarrolladores y a sus aliados, dando paso a una sucesión de comportamientos absurdamente autoritarios.
Hemos tenido conocimiento de que el equipo de desarrollo ha formulado públicamente acusaciones legales muy graves contra una comunidad; concretamente, una acusación de fraude basada únicamente en el testimonio de una persona, sin aportar pruebas irrefutables, utilizando el sistema de anuncios del juego que Steam pone a disposición de todos los desarrolladores.
Publicaron dos comunicados, uno de ellos dirigido específicamente contra esa comunidad y con comentarios difamatorios, que podéis consultar haciendo clic aquí. ¿Desde cuándo un desarrollador de videojuegos formula —o permite— acusaciones de semejante gravedad contra jugadores que invierten su tiempo y su dinero en promocionar el juego y atraer a sus amigos?
¿Ocurre esto con todas las comunidades? Pues no. Si eres amigo del desarrollador o del equipo del juego, te permiten absolutamente todo. Y cuando hacemos este tipo de afirmaciones, es porque podemos demostrarlas. Una comunidad dirigida por un personaje llamado «roni», a quien conocemos porque también fue administrador de nuestros servidores y a quien también acabamos expulsando por su discriminación por motivos religiosos, ideológicos y étnicos, fue denunciada por un jugador de Israel. Este denunció que él y sus amigos habían sido expulsados simplemente por ser judíos, lo que dio lugar a algunos comentarios en los que no vamos a entrar. Lo que más nos sorprende es la tibieza de la respuesta y la débil y poco convincente justificación para no actuar. ¿Lo que hacen unas comunidades está mal, pero si lo hacen otras resulta perfectamente aceptable? En los foros de Steam existen normas que deben cumplirse y, en este caso, hay dos especialmente relevantes:
- Vulnerar los derechos personales de otras personas: entre los ejemplos de conductas prohibidas se incluyen divulgar información personal sin consentimiento, estafar, robar, suplantar identidades, acosar, acceder a cuentas de Steam de otros usuarios y publicar declaraciones calumniosas o difamatorias.
- Acosar a otros usuarios o al personal de Steam: entre los ejemplos de conductas prohibidas se incluyen trolear, provocar, amenazar, enviar spam, intimidar y utilizar lenguaje ofensivo o insultos.
Un buen moderador habría indicado que las opiniones políticas y religiosas no tienen cabida en ese foro, que esas cuestiones deben debatirse con educación y respeto en otro lugar y que los asuntos personales deben quedar al margen de un juego cuyo propósito es divertirse y desconectar. Lo adecuado habría sido emitir una advertencia y cerrar el hilo. Sin embargo, optaron por dar legitimidad al acoso y la discriminación.
Este tipo de actuaciones confirma el fracaso de una idea de juego muy buena y divertida, convertida en un instrumento para satisfacer la imperiosa necesidad de poder de personajes mediocres que se comportan como dictadores y solo buscan una forma artificial de dar sentido a sus vidas vacías, mientras expulsan a quienes únicamente buscan tranquilidad, diversión y compañerismo.
Actualmente, el juego está inmerso en una guerra sin precedentes. Por un lado, una comunidad que controla el juego a su antojo y según sus propias reglas, muchas de ellas injustas y reflejo de una corrupción y un favoritismo latentes, donde o estás con ellos o estás contra ellos. Por otro, una comunidad que se ha hartado de quienes mandan por numerosas razones que conocemos. Mientras tanto, los demás jugadores, a quienes todo este conflicto les importa bien poco, se marchan a otros juegos en busca de un entorno menos hostil. Ya lo advertimos en su momento y, por desgracia, está ocurriendo.